miércoles, 23 de noviembre de 2011

Semana I: De la llegada y Frankfurt

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Era la primera vez que volaba en avión pero no tengo nada en especial que acotar al respecto, salvo que me parece desagradable lo que hacen las aerolíneas con los pasajeros. Amasijan una fortuna al año pero no son capaces de ampliar 10 cms en alguna dirección los asientos. Es inhumano.

Con Dilson y Noe, como les decía antes, tomamos un avión chico hasta Buenos Aires, donde dejamos paraguayos y alzamos brasileros SUPER chic que venían a aprovechar el cambio y subían atiborrados de bolsas de shopping. Partimos hacia Rio de Janeiro, donde hacíamos conexión con Alemania.

Por haber comprado uno de los vuelos más baratos de TAM, nos tocó una conexión del orto y teníamos 9 de horas de espera en Rio. Escuché demasiadas historias sobre lo linda que es Rio, y arañaba las paredes por salir y hacer un City Tour (cosa que nos sugirieron de la agencia de viajes que nos vendió el pasaje). Pero era muy nuestro primer viaje internacional como para andar jugando a los Rambos por Brasil arriesgándonos a perder el vuelo que nos llevaba a vivir al Viejo Mundo.

En Rio nos encontramos con Santi, que también tenía la beca. Lo conocimos ahí. Varios meses después él, que es muy serio y homofóbico, se referiría a ese encuentro diciendo que "nos conocimos ahí y nos flechamos, se nos caía la baba el uno por el otro, hablamos 9 horas de seguido". Y fue así. Hablamos un montón. Hoy puedo decir que es uno de los grandes amigos que me llevo de Alemania.

Viajamos las 12 horas hasta Frankfurt pero yo no pude dormir mucho, por lo que les contaba de los asientos. Por suerte estaba bien preparado, con un librito de "mitología griega para principiantes" y música bien variada.

A mitad del vuelo, a mitad de la noche, cuando el mapita del avión decía que estábamos exactamente en el medio del océano, llegué a una historia de la mitología que contaba de una pelea entre un dios y un humano que fue tan devastadora que dejó tal y tal colina levantada que se puede ver todavía en Grecia, según la mitología, y unas páginas después de otro templo de tal y tal diosa, que todavía está, marmol palpable y visible, en nosé que zona de Italia.. y flashee mucho. Yo, que fui formado en una religión que venera al hijo magicamente fecundado por una virgen y que tiene todos sus templos en un pais desconocido del medio oriente, estaba cayendo en un continente donde alguna gente creía que los dioses bajaban cada tanto del Olimpo para cojerse a alguna humana linda. Algo tiene que haber de mágico, algo tiene que haber de especial, en un continente donde los dioses, peleando por sus amantes, rompieron montañas y dejaron escombros que todavía se ven.

Aterrizamos en el viejo mundo y encaramos para una nueva Aduana. Había como siempre dos líneas con dos oficiales de aduana atendiendo cada una y, obviamente, me tocó el más caradeculo.

Cuando completé los papeles de mi visa, 3 meses antes de esto, fui demasiado honesto y eso me costó caro. En los formularios me preguntaban dos fechas: cuando entraba a Alemania y cuando empezaba a residir ahí (o acá, como quieran). En realidad yo entraba el 28 de agosto pero iba a mi ciudad de destino recién el 1ro de septiembre, y de honestudo, fue eso lo que puse. El problema fue que cuando me hicieron la visa, que es visa de residencia, pusieron que valía desde el 1ro de septiembre. Lo noté cuando me llegó, mucho antes de salir, pero también me habían dicho que como turista podés entrar hasta 3 meses antes del comienzo de tu visa. Eso trataba de explicarle al oficial de aduana tartamudeando en aleman e inglés.

-Pero por qué te viniste antes!?

me preguntaba, y le daba palmaditas al escritorio mientras miraba a su compañero, al lado, creyendo que no entendía su alemán y se mofaba: "este se vino antes.. acá dice 1ro pero el quiere entrar ahora.. jaja".

Le buscaba la vuelta, le contaba que venía a estudiar, que me habían pedido dos fechas distintas, que la Universidad me había ayudado con el trámite de la visa, que no estuvimos tan al tanto nosotros.

-La Universidad no te puede ayudar ahora..

fue la respuesta, y de repente me vi una, dos horas demorado en una oficina del aeropuerto, implorando que me dejen pasar o volviendo a pagar una "multa", que ahora seguro era de 200 euros, no guaraníes.

Para colmo me acababa de dar cuenta que, como no se puede preveer TODO, no tenía siquiera el fucking número de teléfono de nuestra tutora en Alemania.

Estaba en bolas. Santi había pasado por otra puerta porque tiene pasaporte español (que se los recomiendo si se lo pueden hacer.. a veces es un placer mentir que no sos sudaca). Dilson trataba de acercarse a ayudarme con mi inglés que estaba con colapso nervioso, pero no lo dejaban.

-Podés entrar ahora, pero desde el 1ro vas a ser un "iligal"

ILIGAL

ILIGAL

ILIGAL

No sé cuantas veces me lo dijo. Pero me entraba por el oído, iba hasta el fondo del craneo y me golpeaba el marote como una piña, que en vez de ILIGAL decía "SALAME, TE VENÍS AL PRIMERO MUNDO Y NO SABÉS HACER UN PAPEL COMO LA GENTE".


10 minutos después me dejó pasar, pero su solución era que el primero de septiembre salga de la comunidad europea, esto es, que me tome "un vuelo barato, te sugiero Ryanairs", hasta Bélgica, Suiza o CROACIA, saliera unos minutos y volviera a entrar, para que me hagan efectiva y me sellen la visa.

-Sé que es una estupidez administrativa, pero así son las reglas

me dijo. Y le faltó "bienvenido a Alemania, acá no jodemos".

Me quedé para la mierda. Casi tres años preparándote y rompiéndote el culo para un viaje y un pelotudez administrativa te lo amarga de prepo.

Pasamos ya para salir del aeropuerto y nadie del grupo me habló mucho más del tema, se ve que mi cara era muy elocuente.

Ese aeropuerto de Frankfurt es una locura, el tercero más grande de Europa y directamente conectado, bajo techo, con la estación de trenes. Llegamos ahí, con una cúpula semi-transparente que estaba casi 30 metros por encima de nuestras cabezas, y de repente, silencio.

Cerré los ojos y me di cuenta que el único ruido era el de las rueditas de las valijas, pero volví a abrirlos y estaba lleno de gente. Los alemanes son así: si no están en pedo, no hacen ruido. Fue increíble. Ese ratito de silencio en medio de la multitud me dio tranquilidad para llamar a casa y avisar que había llegado bien.

Nos tomamos un tren y llegamos al centro de Frankfurt, a la estación central de trenes, y exactamente enfrente estaba nuestro primer hostel, mi primer hostel.

Cuando quedamos seleccionados los 60 argentinos que finalmente vinimos, un pibe de Buenos Aires tuvo la idea de hacer un grupo de Facebook. Resultó de puta madre. En ese grupo nos pasábamos data sobre los papeles, precios de mochilas, ropa de invierno, organizamos los primeros viajes y, no voy a ser modesto en esto, por una propuesta mía decidimos ponernos de acuerdo con el hostel, porque la gran mayoría llegábamos a Frankfurt con uno o dos dias de diferencia.

Fue, hasta ahora, una de las experiencias mas sicodélicas del viaje. Eramos casi 30 argentinos en el hostel. Te levantabas y desayunabas con alguien de Entre Rios que estudiaba ingeniera mecánica, salías a pasear con los que ya conocías de Córdoba y cuando volvías te quedabas discutiendo sobre el sistema universitario con alguien de Mendoza o hablando de bandas de reggae con alguien de Ushuaia.

Frankfurt no tiene nada particularmente destacable. Es la ciudad mas financiera de Alemania, así que está llena de bancos, y es prolija pero no tan limpia como dicen los vendehumo que vinieron a Europa y que exageran diciendo que no ves ni un papel de caramelo en las calles.

El dia antes de venirnos me encontré con un primo segundo, que vive en las afueras de Frankfurt con mi tio segundo y su familia desde que mi primo tiene 5 años. Claudio, se llama, es una mezcla rarísima, es muy aleman en el trato pero cada año, año y medio, vuelve a un pueblo cerca de Resistencia que se llama Margarita Belén donde, créanme, hay MUY poco para hacer. Y se la pasa ahí, en Margarita, 3 meses enteros.

Le llevé de regalo unos alfajores Terrabusi y dulce de leche. Lo acompañamos a tomar su tren de vuelta con Laurita. Lo dejamos en un andén, y se nos perdió de vista. Nos tapó un tren y cuando se corrió lo vimos, unas cuantas vías más allá, entrándole diente al alfajor. Nos sonreimos y nos saludamos de nuevo con las manos a las distancias, pero me quede muy pensando en eso.

Un alfajor?. Tanto se puede extrañar un alfajor?.

Qué jodida es la distancia. Tanta distancia. Como te cambia las perspectivas de las cosas..

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2 comentarios:

  1. - Vivo a 1200 metros de la estación de Frankfurt.
    - El aeropuerto de Frankfurt no sólo es una locura sino que además está señalizado como el ojete y la seguridad no es ninguna maravilla.
    - Los empleados públicos son una lacra en todos lados. Ü-BER-ALL.
    - Frankfurt es una ciudad genial para vivir. Para hacer el turista y ver la Europa pintoresca están Nürnberg, München, Freiburg, pueblitos como Rothenburg... los mejores lugares de Frankfurt están todos fuera del centro! Igual, sí, por el movimiento que hay es más caótica y sucia que otras ciudades similares e incluso más grandes. El barrio de la estación es un asquete.

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  2. Otra deutsche-argenta! :)

    Si, es tal cual.. estuvimos unos dias porque nos quedaba de paso nomas. De lo que nombras, algo conoci, algo pienso conocer.

    No solo Frankfurt, en general las ciudades que conoci hasta ahora no me parecieron exageradamente limpias, salvo Londres.

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