domingo, 22 de enero de 2012

Semana III: Strasbourg (Estrasburgo)

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El primer viaje(cito) tuvo para éste, nuestro grupo de argentinos, la particularidad de que no estaban tan definidos los sub-grupos en los que luego nos dividiríamos.

El curso obligatorio de alemán no nos dejaba mucho tiempo de lunes a viernes, así que ese sábado, temprano a la mañana, quedamos todos, los trece (Flor todavía no había llegado) en encontrarnos en la estación central de trenes.

Strasbourg surgió casi sin que nadie lo discutiera, casi como un concenso, al punto que ni recuerdo quien la propuso primero, porque era bien sabido por todos nosotros que esta era LA ciudad pintorezca del lado francés y bien cerca de Karlsruhe que se podía visitar en un día y volver.

Tras un par de horas de tren llegamos no a Strasbourg en sí, sino a la ciudad alemana de enfrente. Son dos ciudades separadas nada más por un puente sobre el rio que sirve de frontera entre Alemania y Francia.

En realidad con los tickets que sacamos, el tren nos llevaba hasta el lado alemán y de ahí podíamos cruzar por un euro en colectivo. Pero por un error táctico (tres pelotudos se mandaron a caminar adelante), en vez de tomar el cole caminamos casi 5 kilometros hasta el centro de la ciudad. Desinteligencias por demás irritantes que son consecuencia de manejarse en un grupo tan numeroso, cosa que por suerte no fue costumbre por mucho tiempo.

Aunque a las puteadas, sabiendo que estaba gastando las energías que más tarde iba a necesitar para recorrer la parte interesante de la ciudad, me quedé rápidamente atrás de todo el grupo, cosa que es obvia ahora, tras mucho caminar ciudades y comprobar que soy bastante lento caminando, aunque lo compenso con un constante escaneo de mi alrededor y una gran búsqueda de detalles de calles, tal vez sin sentido para el turista promedio o para mis compañeros, pero que para mi siempre entregan algo interesante ("ah, mirá como es la numeración de las casas acá" - boludeces).

Atrás de todo, como decía, y con mi auriculares, tranquilo, tuvo tiempo para flashearla. Escuchando Artic Monkeys, en bermudas, crucé una frontera caminando. Uno se entera de que está entrando a Francia solamente porque un cartel en la ruta lo indica. No es joda, ni algo simbólico. Estos países se estuvieron cagando a tiros durante la mayoría de sus historias y hoy tienen las fronteras así de abiertas. No me quedó otra que sorprenderme de que no haya ningún oficial ni empleado de ninguna fuerza ni ministerio público de ninguno de los dos lados. Mi primer frontera tranquila en lo que iba del viaje.

El tema de las fronteras me seguía llamando la atención, por todo lo que implica y por lo que obvia que puede resultar la ideología, la política y la idiosincracia solo por la manera en la que cada lugar gestiona sus límites. Las aduanas a estas alturas me parecían ya casi como un puestito de souvenir cultural.

Así que ahí estaba yo, cruzando la frontera a pie, sin ningún cana a la vista. Si yo estaba entrando con unos kilos de cocaína en el bolso del mate o no ya no dependía de la policía de frontera francesa, sino de aquel forro alemán que dudaba de mi visa de estudiante el día que llegué al aeropuerto en Frankfurt. Vaya confianza inter-nacional.

Llegando al centro de la ciudad, Laura y yo nos quedamos definitivamente lejos del pelotón, al que ya ni tenía intención de alcanzar. Aprovechamos que ya se nos habían perdido de vista para sentarnos a la orilla de otro canal, abajo de otro puente que estaba muy pitucamente decorado con flores en sus macetas. Ahí aprovechamos para regalarle a los cisnes que nadaban un paquete entero de unas tostadas sin sal que mal-compramos en el supermercado. Ya perdí la cuenta de cuanta comida tuvimos que tirar por no entender lo que decía el paquete las primeras semanas.

En un ratito y con menos de 500 gramos de galletitas logré juntar casi casi 30 cisnes alrededor mío. Los bichos se peleaban por los pedacitos de galletitas, se picoteaban, se empujaban para ganar los mejores lugares cerca de su proveedor de comida chaqueño.

Nos llamó la atención lo blanco del todo su plumaje, salvo el de sus cuelos, que estaba claramente sucio, como con tierra. Después nos dimos cuenta que los cisnes se acicalan a si mismo las plumas de todo el cuerpo, las alas y el lomo, en un elegante giro de 180° de sus largos cogotes pero, claro, no llegan a limpiarse el cuello en sí mismo. Y aunque muy lindos, no son lo suficiente solidarios ni para limpiarse las plumas entre ellos ni para compartir las tostadas sin sal. Ironías de la madre natura.

Lau fue a la única que logré convencer de pagar 15 euros para alquilar una bici para todo el día, además de unos temerarios 150 euros de seguro, que te devolvían en caso de que la bici vuelva entera.

Fue todo un acierto por que la ciudad era para recorrerla entera.

La primer parte en la que desembocamos era el casco antiguo, con una catedral antiquísima alrededor de la cual se desplagaba una plaza de adoquines rodeada de bares y restoranes.

En frente de los comenzales de uno de los restoranes, un grupo tocaba algo que apenas podría definir como jazz-gitano, musica alegre con contrabajo, guitarra, acordeones. Hermoso sencillamente.

El río cruza la ciudad de lado a lado, y el río se divide después en infinidad de canales, lo que obligo a construir decenas de puentes, que hacen todos juntos el esfuerzo para que Estrasburgo sea más linda en cada esquina.

Las hojas se caían ya de la mayoría de los árboles y se empezaba a nublar, asi que siguiendo el río como referencia pedaleamos un buen rato por su costanerita, cruzandonos con otras iglesias menores, menos viejas, pero también muy bonitas, monumentos con pasto verde fosforescente y algunas casonas antiguas muy bien conservadas con alguna banderita francesa flameando. De cuento.

Tras una media hora llegamos a adonde el rio se ensanchaba, justo enfrente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que ahora wikipedeando me entero que tiene su cede principal allí en Estrasburgo.

No se si los urbanistas lo pensaron exactamente así, o tal vez fue solo el azar del recorrido que decidimos hacer, pero fue gratificante ver como de una punta a la otra de un río se podía ver de lo más lindo de la arquitectura clásica de un lado y lo más vidriado y geométrico (y no por eso menos atrapante) de la arquitectura moderna en la otra punta.

No lo pudimos recorrer mucho porque se largo una hermosa tormenta, con un viento casi huracanado y nos dio miedo de no devolver las bicicletas a tiempo para reencontrarnos con la gente y tomarnos el último colectivo que nos permitía hacer conexión con el último tren de la noche que nos traería de vuelta a Karlsruhe.

Para variar, estabamos haablando a los gritos mientras esperábamos un tranvía. Una mujer argentina de unos 30 y chirolas nos escuchó. Estaba con su nenita esperando el mismo tram. Nos contó como siguiendo un amor apasionado terminó en ese rinconcito pintorezco de Francia, donde mandar a su hija al mismo colegio que muchos de los diplomáticos y juristas mas prestigiosos de la ONU es moneda corriente.

También se haría moneda corriente eso: Encontrarnos argentinos casi casi en cualquier rincón de Europa adonde apuntábamos el tren, sin importar que tan chiquito fuera.

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viernes, 6 de enero de 2012

El Wohnheim (hee? ¿Qué es un Wohnheim?)

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La traducción más gráfica que uso siempre para explicar donde vivo es "residencia de estudiantes", pero acá en Alemania "residencia" dice poco y nada.

Más apropiado tal vez, aunque suena un poco más glamouroso de lo que en realidad es, sería "piso compartido", pero por ahí más o menos viene la mano.

Más bien lo describo: vivo en un complejo para estudiantes, de los varios que hay en la ciudad. El mio, tiene un par de manzanas de predio, sin rejas ni portones, entre pasto y arboles (pinos, manzaneros, ninguno muy petizo), se levantan cinco edificios (K1, K2..). Cada edificio separado del otro por una buena porción de pasto, conectados todos por senderos de adoquines. Las construcciones, de seis pisos como máximo, se dividen en tres alas en cada piso (Ala A, B, C). Cada ala es lo que se denomina "pasillo" o "piso".

En cada ala hay más o menos quince habitaciones, una por estudiante, y entre los quince se comparte un baño con dos duchas, tres toilettes, y una cocina grande con dos cocinas (hornallas) en general, una mesa mediana, y sillones, en semejanza a una sala de estar (pero dentro de la cocina-comedor-living).

No hay que ser ingeniero para hacer las cuentas: en mi Wohnheim (WH) viven casi 2.000 estudiantes.

Cada edificio tiene un "portero" (Hausmeister), que es al que tenes que avisarle si te chorrea la batea (porque cada pieza tiene un banitori) o la calefacción de la pieza te dejó en banda. Aunque nunca me pasó: el complejo casi cuarenta años, pero la política arquitectónica alemana de construir todo bien robusto y hacer un buen mantenimiento preventivo hace que todo funcione más que decentemente.

Entré a mi piso y a mi pieza guiado por el ayudante del Hausmeister el primer dia y la primer impresión fue: Esto va a ser imposible. Parece demasiada gente metida en un solo lugar. No me era difícil imaginarme haciendo guardia al lado de un toilette esperando para hacer lo mío justo después que un alemansucho dejaba el olor a lo suyo.

No termino de entender como, pero cuatro meses después les puedo decir que si funciona.

A los latinos nos ayuda mucho tener el horario trastocado en comparación con los locales, que cenan más temprano y en general no meriendan. Eso, sumado a que algunos se bañan de mañana, otros de madrugada, y mucho se bañan poco, hacen a que nunca haya tenido que esperar ni para el baño ni para la cocina.


Los pibes que viven hace más tiempo y que ya están embebidos de los bericuetos administrativos, se enorgullecen en explicarte que el Wohnheim es una gran democracia: Cada piso tiene un "Flürsprecher" (la traducción sería "la voz del piso"), después cada edificio tiene su Asamblea y todo el complejo junto tiene un Congreso (a mi también me parece que se pasaron con el nombre) donde se discuten los temas y gastos comunes.

En realidad el WH está administrado por la facultad, que pone unas cuantas reglas importantes que no se pueden infringir (una democracia parlamentaria limitada, diría yo). Por ejemplo, en cada piso tiene que haber un mínimo de 60% de alemanes. Tal vez a ustedes como a mi les parezca, como mínimo, discriminación; pero cuando uno empieza a ver los quilombos por los que tienen que pasar los estudiantes para conseguir un lugar (ya sean alemanes o extranjeros), no sé si los culparía tanto.

Nosotros, suertudos sudacas, tuvimos suerte en que por nuestro tipo de beca, la facultad se encargaba de conseguirnos lugar.

A los catorce argentinos nos distribuyeron entre cuatro WHs por toda la ciudad.

Así como decía antes que de entre las ciudades en Alemania que me podían tocar, la mía, Karlsruhe, tiene una cierta popularidad y muchos de los becarios argentinos quieren venir acá, a su vez, dentro de Karlsruhe, este WH, que se llama Hadyko, es también el más popular.

Primero, obviamente, por lo grande, y segundo porque hacen un buen esfuerzo por hacerlo festivo.

Cada edificio tiene en el sótano un bar y a su vez cada bar tiene un atractivo distinto. A saber, en el mio (K3), los miércoles se pasan películas en pantalla gigante; el K2 tiene mesa de billar y sirven papafritas los martes; el K1 tiene mesa de ping-pong y una bola de boliche bien grande.

Cuando me tocó la ciudad popular y el WH popular pensé que no podía tener más orto. Como siempre, las expectativas superan la realidad, o, en realidad, esto es la Panacea pero para cierto tipo de gente: cada sótano-bar se turna y abren uno cada dia de la semana. Eso, sumado a los 2 mil estudiantes en menos de cien metros a la redonda tendría que bastar para que haya joda a diario. Pero nada más lejano a la realidad, como ya dije antes, la onda es ir a sentarse a tomar una cerveza y charlar, en una proporción que en cada ronda siempre es de una mujer cada cinco o seis mujeres (ciudadconfacultaddeingeniería).

Lo que si esta bueno son las fiestas de cada edificio, que se hacen dos veces al año para cada edificio. Es todo un revuelo y de la parte del sótano que sirve como estacionamiento de bicis se sacan todos los rodados. Cada piso vende algo (hamburguesas, distintos tragos) y asiste muchísima más gente que cualquier día entre semana. Cuando fue la de mi edificio, con los de mi piso vendíamos Malibú con Maracujá, pero salimos perdiendo por que nos tomamos más de lo que vendimos.


Una enorme parte de como la pasas en la estadía en esta beca depende de quienes son los quince que comparten el piso con vos.

El staff de mi piso se compone de un rusito (Maxim), un indú (Pruhtvi), un camerunés (Roland), un marroquí (Adil), un griego (Petro) y nueve alemanes (ocho varones y una chica). De todos los alemanes, que vienen de varias partes del país, con los únicos dos que tengo buen trato y soy bastante amigo es con Jonas y Manuel. El resto si no le hace falta, no te habla. Te preguntan algo, ponen la tele más bajo si se lo pedís y no mucho más. Es una constante, al menos en la mayoría de los pisos de los demás chicos, lo de la sequedad alemana.

El resto, "El Ghetto Tercermundista", como lo bauticé, es una masa.

Hoy al mediodía, sin ir más lejos, mientras almorzábamos (cada uno lo que se había cocinado), charlábamos con Adil, Pruhtvi y Manuel sobre como era la Navidad y el dia sacro (domingo o viernes, según vengas de un pais católico o musulmán respectivamente) en el país de cada uno.

Después que cada uno se lavó su propio plato, me quedé tomando un café con Pruhtvi, que me contó que estaba bajoneado porque está enredado en una pelea con su familia y la familia de su novia (que también es indú) porque son de castas distintas. Y me explicaba un poco más del sistema de castas en India, que viene de hace 5 mil años, pasando de padre a hijo, y que define en gran parte las costumbres de cada familia, su idioma (dialecto dentro del idioma indú) y que en general determina con que gente te podés casar y con cual no.

Ya había leído un poco de eso y otros temas de la India de los que a menudo hablamos, así como con los demás (que sospecho casi con seguridad, no conocen casi nada de Argentina), pero una charla de media hora con una persona te puede pintar el panorama de un lugar tan lejano de una manera tan rápida, tan clara y tan íntima, que no me queda otra que maravillarme de eso, no tanto de los lugares que se conoce viajando, sino de la gente, de lo que dice, de lo similar que pensamos todos, de lo lejos que estamos, del collage de gente que es el mundito.



Pero como decía más antes, llegamos el primer día los ocho argentinos que vivimos acá, y a cada uno nos tocó un edificio diferente, en pisos diferentes. El ayudante del Hausmeister me acompañó hasta mi pieza, me mostró lo básico y se fue.


Quedé, por fin, solo en mi pieza, cuatro paredes blancas, una mesa de luz, una repisa blanca, un escritorio blanco, una cama con sabanas blancas, una alfombra gris, todavía sin computadora, y menos con internet, con un celular argentino que no agarraba ni media raya de ninguna señal de ninguna antena.. y no me quedó otra que tirarme a mirar el techo y putear entre dientes:

La concha de su madre, estoy en San Orto.

No me pasó en el aeropuerto cuando despedí a mi familia, no me pasó cuando despegó el avión, no me pasó cuando aterricé.. me pasó en esta piecita: Me cayó la ficha.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Semana II: En Karlsruhe he de vivir

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Como decía al principio, cada año la UTN y el Gobierno Alemán mandan 60 argentos como nosotros en un container hacia el viejo mundo.

Nos reparten en mas de 10 Universidades por toda alemania (literalmente).
De todas las universidades, la que está en la ciudad más grande debe ser Dresden que, para mi ahora es "allá lejos en el este", cerca de Berlin (lo de "lejos" termina siendo más una cuestión de costos que de distancia física, para cualquier argentino que haya hecho 500 km solo para atravesar una provincia).

Nosotros podíamos elegir, en orden de preferencia, 3 universidades, y ellos te asignan alguna según algún criterio que sigue siendo un misterio para todos nosotros (los becados). En el grupo este de Facebook que mencionaba antes hicieron una encuesta muy pintoresca y resultó que la mayoría (al igual que yo) había puesto como prioridad 1 a Karlsruhe.

Esto tiene dos explicaciones bien claras:

Primero, porque la universidad de Karlsruhe se transformó hace unos años en el Karlsruhe Institut für Technologie (esa esta fácil en alemán, he? ahora van a creer que saben alemán, ilusos). La "uni", como le dicen acá, ya tenía una historia suculenta porque, por ejemplo, de acá salió Carl Benz, el de Mercedes (o el inventor del auto, si quieren que la termine de agrandar). Y al pasar a Instituto, picó más alto todavía. Para muchos alemanes es su MIT, salvando las distancias.

Segundo, porque generaciones y generaciones de becados en alemania no hacen otra cosa que hablar de "la joda que hay en Karlsruhe".

La gran mayoría de mis amigos y conocidos que habían venido también habían estado acá, entonces llegué super inflado y motivado por las distintas historias.

Y, como todo, las hubo de cal y las hubo de arena.

En Frankfurt, en esta embajada argentina provisoria que armamos en el hostel, nos encontramos la gran mayoría de los que veníamos para Karlsruhe. Cargamos todos los petetes en un tren y llegamos un jueves a la mañana.

Acá, casi tan famosa como el KIT y la joda, es Melitta. Una gorda divina, con sospechas de lesbianismo, que vive para la facultad y se encarga de la mayoría de los estudiantes extranjeros temporales como nosotros.

Claro, la gorda es divina, pero ese finde estaba de vacaciones. Así que nos mandó a su secretario, Jan (ian), con el que arreglamos por mail encontrarnos en la estación.

Bajamos del tren, entramos a patear hacia la puerta y veo (porque siempre voy último cuando caminamos), que un morocho, petiso, empieza a darle un beso a cada uno de los chicas.. y de los CHICOS también.

Atrás venía yo con Maia, y los dos nos miramos con los ojos como huevofritos: "ESTO es Jan? Un alemán morocho que, lejos de ser frio, le da besos hasta a los vagos?".

Le dije "no nos podrían haber mandado algo más típico alemán de bienvenida?".

Cuando llegó atrás me dijo "que hacés papá?".

Claro, no era Jan. Era David. Un porteño que venía de unos de playa en Mallorca "nada más"(como diría él). Un personaje, de esos que por suerte hay uno solo por grupo pero por suerte también hay uno en el grupo. Es otro de los grandes amigos que ya me llevo de acá.

Hicimos dos puertas más y ahí si estaba, el original Jan, alto, rubio y medio cara de bobo. ESO SI ES UN ALEMÁN.

El vaguito era una masa, pero no le dieron recursos. Nadie quería un banquete de bienvenida, pero con una combi para llevar las valijas, estábamos chochos.

Bueno como dije, no estaba La Gran Melitta, estaba el pobre Jan, que nos hizo pasear por colectivos y tranvías con aprox 60 kilos de ropa y regalos argentinos CADA UNO, mientras nos repartía en las respectivas "residencias".

La ciudad es muy linda. No es turística a decir verdad, pero vivir acá es más que agradable. Tiene un castillo bastante moderno, que en realidad era la casa de veraneo del Rey Carlos o Karl.. "ruhe" es "calma, paz", entonces el nombre sería "La Calma de Carlos", o como diría David el primer día "Carlos Paz". El enano me empezaba a comprar.

Don Carlos puso su casita ahí, al lado de un lago, y hacia el lado de enfrente de la casa se empezaron a instalar los zapateros del rey, las costureras del rey, etc, etc., y ahora desde el castillo salen calles como rayos de sol, que es el logo de la ciudad.

El patio trasero del castillo lo dejaron casi sin tocar, y se convirtió en un parque espectacular. No sé como hacen, pero nunca vimos a los vagos que cortan el césped, y eso que el primer mes, como solo teníamos clases de alemán y había sol TODOS LOS SANTOS DIAS, nos pasábamos horas tirados en el pasto, tomando mate (porque todos teníamos un montón de yerba recién traída). De todos modos el pasto es siempre una alfombra verde y prolija cuidada por duendes del bosque, yo que sé.

Hablando del bosque, entre el castillo y mi residencia hay un bosque. Bosque enserio, te podés perder con ganas.

Esas primeras semanas los animales estaban particularmente inquietos, supongo porque sabían que se venía el fresco. Vi dos zorros rojos con cola de punta blanca, que me quedaron mirando un rato y se perdieron en el bosque. Las ardillas cruzaban siempre en frente de mi ventana porque tengo un árbol de manzanas enfrente. Y a la tardecita siempre empiezan a chillar los cuervos. Que no son unas palomas negras como los de Chaco, sino que son cacho de pájaro que lloran como si estuvieran destripando un bebé. Son horribles los pobres. Dios es bien forro con las características de los animales.. con ese canto los habrán cagado a hondazos en la época de las brujas a los pobres bichos.

Y digo brujas porque entre ardillas, zorros, cuervos, bosques y castillos fue como que de repente entendí todo el contexto de los cuentos de Disney y demás cuentos de hadas afines.

Ah, me olvidaba. "La joda"?.. una mentira. Se juntan en bares que tienen mas olor a huevo que la mayonesa, toman cerveza y charlan. Hay un antro, Carambolage ("carambulash"), que ponen buena música techno, pero están cada uno en la suya.

No la pasamos mal, siempre nos rebuscamos, pero no es Bariloche como lo pintaron algunos.

Tampoco me decepciona, no vine por eso.

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Semana I: De la llegada y Frankfurt

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Era la primera vez que volaba en avión pero no tengo nada en especial que acotar al respecto, salvo que me parece desagradable lo que hacen las aerolíneas con los pasajeros. Amasijan una fortuna al año pero no son capaces de ampliar 10 cms en alguna dirección los asientos. Es inhumano.

Con Dilson y Noe, como les decía antes, tomamos un avión chico hasta Buenos Aires, donde dejamos paraguayos y alzamos brasileros SUPER chic que venían a aprovechar el cambio y subían atiborrados de bolsas de shopping. Partimos hacia Rio de Janeiro, donde hacíamos conexión con Alemania.

Por haber comprado uno de los vuelos más baratos de TAM, nos tocó una conexión del orto y teníamos 9 de horas de espera en Rio. Escuché demasiadas historias sobre lo linda que es Rio, y arañaba las paredes por salir y hacer un City Tour (cosa que nos sugirieron de la agencia de viajes que nos vendió el pasaje). Pero era muy nuestro primer viaje internacional como para andar jugando a los Rambos por Brasil arriesgándonos a perder el vuelo que nos llevaba a vivir al Viejo Mundo.

En Rio nos encontramos con Santi, que también tenía la beca. Lo conocimos ahí. Varios meses después él, que es muy serio y homofóbico, se referiría a ese encuentro diciendo que "nos conocimos ahí y nos flechamos, se nos caía la baba el uno por el otro, hablamos 9 horas de seguido". Y fue así. Hablamos un montón. Hoy puedo decir que es uno de los grandes amigos que me llevo de Alemania.

Viajamos las 12 horas hasta Frankfurt pero yo no pude dormir mucho, por lo que les contaba de los asientos. Por suerte estaba bien preparado, con un librito de "mitología griega para principiantes" y música bien variada.

A mitad del vuelo, a mitad de la noche, cuando el mapita del avión decía que estábamos exactamente en el medio del océano, llegué a una historia de la mitología que contaba de una pelea entre un dios y un humano que fue tan devastadora que dejó tal y tal colina levantada que se puede ver todavía en Grecia, según la mitología, y unas páginas después de otro templo de tal y tal diosa, que todavía está, marmol palpable y visible, en nosé que zona de Italia.. y flashee mucho. Yo, que fui formado en una religión que venera al hijo magicamente fecundado por una virgen y que tiene todos sus templos en un pais desconocido del medio oriente, estaba cayendo en un continente donde alguna gente creía que los dioses bajaban cada tanto del Olimpo para cojerse a alguna humana linda. Algo tiene que haber de mágico, algo tiene que haber de especial, en un continente donde los dioses, peleando por sus amantes, rompieron montañas y dejaron escombros que todavía se ven.

Aterrizamos en el viejo mundo y encaramos para una nueva Aduana. Había como siempre dos líneas con dos oficiales de aduana atendiendo cada una y, obviamente, me tocó el más caradeculo.

Cuando completé los papeles de mi visa, 3 meses antes de esto, fui demasiado honesto y eso me costó caro. En los formularios me preguntaban dos fechas: cuando entraba a Alemania y cuando empezaba a residir ahí (o acá, como quieran). En realidad yo entraba el 28 de agosto pero iba a mi ciudad de destino recién el 1ro de septiembre, y de honestudo, fue eso lo que puse. El problema fue que cuando me hicieron la visa, que es visa de residencia, pusieron que valía desde el 1ro de septiembre. Lo noté cuando me llegó, mucho antes de salir, pero también me habían dicho que como turista podés entrar hasta 3 meses antes del comienzo de tu visa. Eso trataba de explicarle al oficial de aduana tartamudeando en aleman e inglés.

-Pero por qué te viniste antes!?

me preguntaba, y le daba palmaditas al escritorio mientras miraba a su compañero, al lado, creyendo que no entendía su alemán y se mofaba: "este se vino antes.. acá dice 1ro pero el quiere entrar ahora.. jaja".

Le buscaba la vuelta, le contaba que venía a estudiar, que me habían pedido dos fechas distintas, que la Universidad me había ayudado con el trámite de la visa, que no estuvimos tan al tanto nosotros.

-La Universidad no te puede ayudar ahora..

fue la respuesta, y de repente me vi una, dos horas demorado en una oficina del aeropuerto, implorando que me dejen pasar o volviendo a pagar una "multa", que ahora seguro era de 200 euros, no guaraníes.

Para colmo me acababa de dar cuenta que, como no se puede preveer TODO, no tenía siquiera el fucking número de teléfono de nuestra tutora en Alemania.

Estaba en bolas. Santi había pasado por otra puerta porque tiene pasaporte español (que se los recomiendo si se lo pueden hacer.. a veces es un placer mentir que no sos sudaca). Dilson trataba de acercarse a ayudarme con mi inglés que estaba con colapso nervioso, pero no lo dejaban.

-Podés entrar ahora, pero desde el 1ro vas a ser un "iligal"

ILIGAL

ILIGAL

ILIGAL

No sé cuantas veces me lo dijo. Pero me entraba por el oído, iba hasta el fondo del craneo y me golpeaba el marote como una piña, que en vez de ILIGAL decía "SALAME, TE VENÍS AL PRIMERO MUNDO Y NO SABÉS HACER UN PAPEL COMO LA GENTE".


10 minutos después me dejó pasar, pero su solución era que el primero de septiembre salga de la comunidad europea, esto es, que me tome "un vuelo barato, te sugiero Ryanairs", hasta Bélgica, Suiza o CROACIA, saliera unos minutos y volviera a entrar, para que me hagan efectiva y me sellen la visa.

-Sé que es una estupidez administrativa, pero así son las reglas

me dijo. Y le faltó "bienvenido a Alemania, acá no jodemos".

Me quedé para la mierda. Casi tres años preparándote y rompiéndote el culo para un viaje y un pelotudez administrativa te lo amarga de prepo.

Pasamos ya para salir del aeropuerto y nadie del grupo me habló mucho más del tema, se ve que mi cara era muy elocuente.

Ese aeropuerto de Frankfurt es una locura, el tercero más grande de Europa y directamente conectado, bajo techo, con la estación de trenes. Llegamos ahí, con una cúpula semi-transparente que estaba casi 30 metros por encima de nuestras cabezas, y de repente, silencio.

Cerré los ojos y me di cuenta que el único ruido era el de las rueditas de las valijas, pero volví a abrirlos y estaba lleno de gente. Los alemanes son así: si no están en pedo, no hacen ruido. Fue increíble. Ese ratito de silencio en medio de la multitud me dio tranquilidad para llamar a casa y avisar que había llegado bien.

Nos tomamos un tren y llegamos al centro de Frankfurt, a la estación central de trenes, y exactamente enfrente estaba nuestro primer hostel, mi primer hostel.

Cuando quedamos seleccionados los 60 argentinos que finalmente vinimos, un pibe de Buenos Aires tuvo la idea de hacer un grupo de Facebook. Resultó de puta madre. En ese grupo nos pasábamos data sobre los papeles, precios de mochilas, ropa de invierno, organizamos los primeros viajes y, no voy a ser modesto en esto, por una propuesta mía decidimos ponernos de acuerdo con el hostel, porque la gran mayoría llegábamos a Frankfurt con uno o dos dias de diferencia.

Fue, hasta ahora, una de las experiencias mas sicodélicas del viaje. Eramos casi 30 argentinos en el hostel. Te levantabas y desayunabas con alguien de Entre Rios que estudiaba ingeniera mecánica, salías a pasear con los que ya conocías de Córdoba y cuando volvías te quedabas discutiendo sobre el sistema universitario con alguien de Mendoza o hablando de bandas de reggae con alguien de Ushuaia.

Frankfurt no tiene nada particularmente destacable. Es la ciudad mas financiera de Alemania, así que está llena de bancos, y es prolija pero no tan limpia como dicen los vendehumo que vinieron a Europa y que exageran diciendo que no ves ni un papel de caramelo en las calles.

El dia antes de venirnos me encontré con un primo segundo, que vive en las afueras de Frankfurt con mi tio segundo y su familia desde que mi primo tiene 5 años. Claudio, se llama, es una mezcla rarísima, es muy aleman en el trato pero cada año, año y medio, vuelve a un pueblo cerca de Resistencia que se llama Margarita Belén donde, créanme, hay MUY poco para hacer. Y se la pasa ahí, en Margarita, 3 meses enteros.

Le llevé de regalo unos alfajores Terrabusi y dulce de leche. Lo acompañamos a tomar su tren de vuelta con Laurita. Lo dejamos en un andén, y se nos perdió de vista. Nos tapó un tren y cuando se corrió lo vimos, unas cuantas vías más allá, entrándole diente al alfajor. Nos sonreimos y nos saludamos de nuevo con las manos a las distancias, pero me quede muy pensando en eso.

Un alfajor?. Tanto se puede extrañar un alfajor?.

Qué jodida es la distancia. Tanta distancia. Como te cambia las perspectivas de las cosas..

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martes, 22 de noviembre de 2011

De por qué estoy viajando y la partida

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Lo dude un montón. La "huevada" esta de escribir un blog porque me vine 6 meses a vivir a Alemania. Y habia decidido que no lo iba a hacer.

Pero después me empecé a reir todos los dias un poco, primero y principal, obvio, porque me empezaron a pasar cosas tragi-cómicas una detrás de la otra y me lamentaba de haber abandonado el otro blog y no tener donde contarlas. Y cuando los viajes, la estadía, se empezó a poner de repente mas interesante, llena de idas y venidas, de sensaciones mas fuertes y lugares qué, aunque me parecían descreptibles, quería compartir en palabras, eché abajo mi decisión y acá estoy.

Ojala el poco tiempo que tengo disponible acá me alcance para que al menos ésto salga sin tantos errores de ortografía (siéntanse libre de remarcarlos, porque en el apuro pasaré muchos de largo) y medianamente prolijo.




Me vine a Alemania 6 meses porque me gané, junto con otros 59 argentinos, una beca. Armé un pequeño proyecto de investigación, de un tema que me interesaba desarrollar acá, quedé preseleccionado, estudiamos (todos los preseleccionados) un año y pico de alemán, rendimos un examen, nos hicieron una entrevista en Buenos Aires, nos evaluaron el desempeño académico, nos cambiaron fechas, nos informaron bien de muy pocas cosas, nos hicieron estresar mucho, pero finalmente nos eligieron, a los 60 boluditos finales, y la UTN nos pagó el pasaje y algo así como el Ministerio de Educación Aleman nos banca la parada, y acá estamos.


La despedida fue genial pero cansadora. Fue correr hasta el último dia comprando cosas, haciendo papeles, dejando todo listo para cuando no vas a estar y por las noches juntarme con quien tenía ganas de tomarse "la ultima cerveza conmigo antes que te vayas" (que fueron varias).

Para venirme salí desde Asunción, que era mucho más práctico, rápido y barato que irme hasta Buenos Aires. Y para irme hasta Asunción me acompañaron mis viejos y mi hermana.

Y eso fue el desencadenante de la primer gran aventura.

Basicamente, mis viejos hace casi 10 años que no van en su vehículo de viaje a ningún lado. Mi viejo se pudrió de estresarse en la ruta y mi vieja está en la etapa "queremos llegar y que nos atiendan", asi que si viajan, viajan con tour, en cole y a la mierda. Y entre mi hermana y yo, manejo yo.

Salvo las discusiones de "vas muy fuerte" y "no tenés otra música?", llegamos a la frontera bien.

Pero cruzar la frontera esa es otro viaje en sí mismo. Nunca lo había hecho.

Para los que tampoco fueron, la frontera Formosa - Paraguay es una oficina entorno a la ruta, parecido a un peaje, con unas letras medio nuevas arriba que intentan hacerla parecer cuidada y.. un quilombo de gente.

No había mucha gente cruzando en sí, pero a los viajeros hay que sumarles los vendedores de guaraníes, de artesanías y unos tipos con camisitas blancas y sin ningún tipo de identificación que te hacen señas de donde parar el auto. Crucé sin entender si eran o no realmente empleados de la Aduana.

Me siento un pelotudo cuando musicalizo en mi cabeza momentos serios o en los que no hay que boludear, pero mientras iba hacia la garita de inmigraciones con mi DNI y el de mi familia no podía dejar de cantar "peruaaano.. clandestino... marihuana .. ilegal". Los paraguayos, y sobre todo los de esa aduana, tienen esa capacidad. Desde el momento en que me bajé del auto me empecé a sentir nadie, un ilegal, alguien sospechoso. Con los meses y con los viajes iba a aprender que no eran solamente los paraguayos.. en todas las fronteras sos un potencial traficante de uranio. En algunas más, en otras menos; también después de un tiempo te pre-armas un par de frases para acelerar la cosa y que no te hinchen tanto las bolas. Pero nunca estás excento. Menos siendo sudaca en Europa, como me desayunaría después.

Había aclarado que mis viejos estaban fuera de ritmo con lo de viajar por su cuenta porque realmente están fuera de ritmo. Cuando me fui a la ventanilla, se quedaron los tres, con mi hermana, adentro del auto, y se dejaron rodear por todos los personajes que había dicho antes. Demás está aclarar que, mientras el arbolito que intentaba venderles guaraníes metía medio cuerpo adentro por la ventana que yo dejé abierta, nadie del auto reparó en al menos agarrar mi celular, que estaba en la guantera, muy a mano del señor. Por suerte se apiadó de eso. Y mas piadoso todavía, no salió a correr cuando mi vieja, muy comodamente sentada en el asiento trasero, bajaba apenas la ventanilla y le pasaba no sé cuantos billetes de a cien para que le diera guaraníes. No pasó nada pero cuando volví se comieron una puteada mia. Mi familia es un cago de risa, no es raro que se den vuelta los papeles. Pero hasta eso está bueno.

Después tuvimos que pagar una "multa", "sin recibo ni nada", porque mi vieja, prolija al moño como es con los papeles, tiene el mismo DNI desde los 18 años "Y este documento no lo acepta el gobierno paraguayo señora porque está muy deteriorado". LAS gastadas que se comió después. Posta, inocente yo también, no me di cuenta que era una coima hasta que el señor este de camisa y sin identificación guardó el billete a las apuradas. Me dijo "es 120 la multa" y cuando le pasé 2 de 100 me agarró solo uno.

No nos cogieron de parados en esa frontera porque el Karma es muy grande creo. Pero aprendimos. Creo.




Pasamos un dia espectacular en Asunción, en una zona muy linda y paqueta, aunque no tan cara, comimos una pizza riquísima y a la madrugada del otro día salimos para el aeropuerto en taxi, porque mis viejos no querían arriesgarse a perderse de vuelta a la madrugada en Asunción.

Llegamos al aeropuerto, me encontré con dos compañeros más de Resistencia, Dilson y Noe, despaché las valijas y le di un abrazo a las apuradas a la flia. Al pedo nos apuramos tanto y siempre que me acuerdo de la partida estando acá pienso que ese abrazo con cada uno fue muy corto. Pero ellos estaban mas nerviosos que yo y me echaban hacia el embarque.

Cuando le paso mi ticket al oficial de inmigraciones paraguayo, con una camisa mucho mas linda y ahora si, con ID con fotito y todo, me dice que me faltaba el papel que decía que entré legalmente a Paraguay. Era un ticket que parecía de supermercado, que, obviamente, nos habíamos olvidado en el auto.

-Bueno entonces señorrr Zanone, como dice acá son 200 guaraníes de multa
-Pero te estoy mostrando mi DNI
-Pero no tiene el comprobante señor. Y donde va después de Buenos Aires?
-A Alemania
-Ahhh.. es destino final Europa, entonces son 40 euros señor.
-Qué?! 40 euros son más que 200 guaraníes.
-No señorrr, es otro monto si va a Europa

Pasé el embarque a las puteadas, pero me chupaba un huevo, ya estaba ahí, ya me iba, o eso creía yo.

Nos abren la puerta del avión y un empleado de TAM nos pide pasaportes.

Me mira la visa alemana y me pregunta:

-Tu visa es desde el 1 de septiembre.. y te estas yendo el 28 de agosto
-Si, porque podés entrar hasta 3 meses antes como turista
-Mmmm.. esperá pregunto no vaya a ser cosa que te hagan problema al bajarte allá en Alemania

(los 2 minutos más largos de mi vida)

-No, está todo bien, acá me dice mi compañero que está bien, pasá tranquilo...

Tenía razón nomás el único paraguayo no-coimero que me había cruzado hasta el momento. Después me iban a hacer problema...